¿Cuantas palabras se necesitaran para contar una historia? Pensaba con los pies colgando y el ceño fruncido en el alto de aquél murete, dónde el tiempo era su amigo y su soledad su compañía.
Y Aparco el término pensar en el borde de una nube esperando que le entraran las ganas del irse.
Intentó tomar el aire con las manos hasta que un día se percato de que sólo se podía respirar.
La mezcla era demasiado espesa como para poderla digerir, tendría que vomitarla.
De repente se quiso sentir enferma de hospital y no tener que pensar más allá del goteo, había pasado alguna vez por allí y sabía que cuando te daban el alta simplemente besabas el suelo sin comerte el coco en decires ni dirites, estás tan contento de poder respirar el humo de los coches y el olor del hogar que todo lo demás ni siquiera lo recuerdas.
Tumbada en la cama, escuchando los estertores del de al lado, contaba las gotas que caían por el tubo metido en su carne, un millón tres cientas sesenta y siete.
Desde que estaba allí no había abierto la boca, no tenía ningún interés en la comunicación, se limitaba a pronunciar monosílabos. Sí. No.
Desde su entrada allí había recibido varias visitas, pero ella sólo esperaba a una persona entre contar gotas y pasar páginas de lecturas pendientes.
No hacía ningún tipo de cabala, sólo esperaba que llegase para escuchar lo que tuviera que decirla.
Esto es un alarde público e inusual, e impersonal también. De querer pasar una entrada. Porque estoy pensando que que les puede importar a ustedes que me duela una muela, la cabeza y además sea mi cumpleaños.
La vida nos da respiros de muchas cosas y a mí no me gusta dejarlos pasar. Me siento feliz porque después del día viene la noche y así muchas, muchas veces. Recrearme en mis cabreos o desidias, no es de mi condición. Si un ánimo bueno me cambia el malo, lo cojo al vuelo no vaya a ser que se me escape.
Y no puedo dejar de felicitarme porque yo lo valgo, si nos creemos solos para lo malo por qué no también para lo bueno, aunque yo creo que eso de la soledad es un estado de ánimo más que una condición física.
Iba a corregir y a borrar y a reescribir. Y ¿Para qué? me he dicho si esto es más mío que de nadie y así ha de seguir siendo.
Ayer redescubrí lo que me gusta conducir de noche por la ciudad. Más si desde Atocha a Plaza Castilla sólo te hacen frenar cuatro semáforos, aunque quizá fueran seis.
El silencio con mi música, los ladrillos afinados por la luz, la velocidad acorde al ánimo, la prisa lenta, la mirada perdida, el pensamiento lleno, los ojos brillantes, la soledad acompañada, el espacio atemporal que me causa...el vacío de las calles, el semi oscuro brillante del asfalto...
Pura poesía cosmopolita.
"Tangerine" (Page) 3:10
"That's the Way" (Page/Plant) 5:37
"Bron-Y-Aur Stomp" (Page/Plant/Jones) 4:16
"Hats Off to (Roy) Harper" (trad.) 3:42
"Black Dog" (Page/Plant/Jones) - 4:54
"Rock and Roll" (Page/Plant/Jones/Bonham) - 3:40
"The Battle of Evermore" (Page/Plant) - 5:51
Y para mayor énfasis; la casualidad extraña, hace que justo al apagar el coche acabe esta canción:
"Stairway to Heaven" (Page/Plant) - 8:03
Y al abrir la puerta, me reconforto sabiendo que estaba pensando en los cero killers, en los te amo y en el rock and roll.
No hay palabras que puedan expresar la inquietante sensación que me produce el reflexionar en la diferente situación en la que estamos.
Y las agujas del tiempo son una tortura neuronal.
Y es que te pienso de tantos modos y maneras que no te puedo dejar de pensar.
Entonces la tecla se me hace fácil y el corazón un nudo y el cerebro pasto de fluidos ácidos, como (exclamado) si pudieran deshacer toda la grandeza que nos invade.
Y ésta...soledad que me ocupa al pensarte, se me llena de sentidos y olvido por momentos de lo que nunca hablo y siempre me acompaña. La tensión, la frustración y la medida de las fuerzas. Toda una prueba psicológica que esta mañana casi acaba conmigo.
Y está la realidad de todo y las letras que lo envuelven.
Y la mentira de los cachos de lo que quieras.
Y el mundo...ese mundo que habitamos cuando no nos importa todo lo demás, eso sí que es pura poesía existencial
El caso es que siendo noche de reyes, no habrá mayor regalo que pensarte con la comisura de tus labios en posesión de mi sonrisa.
Ser una hoja de papel escrita por las dos caras
historia de una fragancia desparramada en párrafos epiteliales
Signos de admiración
El silencio del trazo
La empatía inalcanzable
Los tachones imposibles
La pureza del espíritu
El verde de la esperanza embutido en el cortex cerebral.
El peso de la arena en los bolsillos al roce de las heridas.
El reposo de la confesión ulterior tamizada por la trascendencia del ser.
El ver en la relevancia del mirar:
Ocho grados de calor y las volutas del humo que se pierden en la noche con la mezcla del café y los bollos en el sabor de un beso.
Las personas que están y no entran alrededor de una burbuja de fina indiferencia mientras suaves voces intercambian conversación, las bocas sonrisas y los ojos brillos.
La mesa que no separa el cobijo de la piel.
El recuerdo presente del echar de menos del futuro inmediato.
Con especial admiración al peso de mis bytes por segundos.