Un coche pasa por encima de una alcantarilla, me llega el ruido del sonido al pasar. Me produce un minúsculo respingo y me hace salir del pensamiento. Silencio tenue, humedad en mi pelo, retomo las gotas de agua por la piel, ni un solo suspiro me atraviesa el cuerpo, medito con devoción, doy una y otra calada al cigarro.
Escudriño los silencios con sus ruidos, la luces con su oscuridad, parpadeo, respiro y tecleo.
Sin ambición, sin lógica, sin envite, sin remedio.
Me huelo las manos, jabón y tabaco y sin premeditación y alevosía...el reflejo una mirada pulida y limpia. No es un recuerdo ni un fragmento de una historia, es algo más.
Son las salivas mezcladas, los poros sudados, la bóveda de las nubes, el olor compartido.
Entonces, suspiro, sin previo aviso.
Y el sabor de los momentos...
Me encandila el cuerpo. Me templa el frío, mece mi existencia y por fin muero.
Defender la alegría como una trinchera
Defenderla del escándalo y la rutina
De la miseria y los miserables
De las ausencias transitorias
Y las definitivas
Defender la alegría como un principio
Defenderla del pasmo y las pesadillas
De los neutrales y de los neutrones
De las dulces infamias
Y los graves diagnósticos
Defender la alegría como una bandera
Defenderla del rayo y la melancolía
De los ingenuos y de los canallas
De la retórica y los paros cardíacos
De las endemias y las academias
Defender la alegría como un destino
Defenderla del fuego y de los bomberos
De los suicidas y los homicidas
De las vacaciones y del agobio
De la obligación de estar alegres
Defender la alegría como una certeza
Defenderla del óxido y de la roña
De la famosa pátina del tiempo
Del relente y del oportunismo
De los proxenetas de la risa
Defender la alegría como un derecho
Defenderla de Dios y del invierno
De las mayúsculas y de la muerte
De los apellidos y las lástimas
Del azar
Y también de la alegría.
Me acuerdo de los bocatas de patatas fritas que nos hacía mi padre, cortadas y peladas por sus manos.
Me acuerdo de como todos los años les llamaba en el día de hoy para felicitarles por haberse casado y preguntarles los planes del día.
Al tiempo escucho un programa de música electrónica y pienso en mañana, y me sale de repente un "ojalá no me muera hoy" a la vez que mis ojos chispean.
La reforma laboral no se me sale de la cabeza y me entristece que de los derechos pasemos a las obligaciones de la servidumbre.
Es un día extraño y además está nublado, si llueve me comerá la melancolía. Y es que no me apetece.
Escribo entre el ánimo y desanimo de querer encontrar un motivo que me haga salir de esta burbuja.
Pero sólo es. Un día extraño.
"Si me rompes de abrazos te quebraré a besos" porque del azul al rojo...siempre está el malva.
A días me despierto con una mínima neurona y grandes sonrisas en mi cabeza, esos días y no otros son los que más disfruto.
Porque el que diga que el pensar le hace feliz es que es rematada-mente idiota.
Y cuando pase el billete de metro de diez viajes a quince pavos por vivir en el norte por el torniquete en vez de cagarme en la madre que los parió, veré la luz brillante de las aspas de acero...y así sumando pocos y más pocos y con grandes muchos pasaré el tiempo de los suspiros.
Y entonces llegará el gran momento, musitando palabras de honor, de amor...de lo que sea...sin retorcerme por las redes de mi espesura...
E incluso llegará el día del concierto y mi sonrisa de las mil caras...
Escribir siempre me templó el ánimo, incluso cuando escribía sólo en mi cabeza.
Hoy cojo el metro, me hace ilusión coger el metro, la tontería del asunto viene dada porque siempre me nacen las mejores inspiraciones reflexivas en los ojos de las personas y a pesar de que yo estaré leyendo levantaré los ojos de la lectura para observar y conjeturar del estado de las cosas.
Las cosas.
Mis cosas de la cabeza esas que dan vueltas y vueltas...
Un día puede ser un parque de atracciones o el recurrente del tiempo.
A veces sólo depende de nosotros elegir.
Hoy he decidido que empiezo un nuevo cliclo vital o algo así...suena tan bien que no puedo dejar de sonreír, eso que algunos molesta tanto. Sonreír porque sí a pesar de, sobre todo a pesar de.
Y dejo ésto antes que se evapore:
La chica de los leotardos de piel agregó sensaciones nuevas a su cabeza más todas aquellas que ya se sabía...buscó lo que siempre quiso encontrar y nunca soñó encontraría.
Rectó (de recta) por la causa de lo cotidiano que cercenó las grandes ilusiones de su vida y entonces decidió romper las causas por el bien de los motivos y evolucionó.
La chica de los leotardos de piel tenía el afán del aprendizaje en el conocimiento absoluto de los sentidos porque llenaban los exponenciales de sus neuronas, las ganas vitales de la existencia eran su respirar.
La chica de los leotardos de piel y ojos profundos era una estrafalaria de los sentidos, y la gustaba vivir en un estado de ánimo peculiar y diferente porque si no se aburría.
Cuando la encontré sin querer me dijo:
Soy tan persona que no puedo dejar de reír si me pienso despacio y sonreír si lo hago deprisa.
Me apunto los diarios para no dejar de hacerme gracia nunca y quitarme importancia.
Me gusta hacer el tonto y pensar demasiado.
Me gusta como soy y ya no me lamento de no haber sido.
No soy un carro de combate, no soy la carne de un deseo, no soy la masturbación cotidiana de nada ni de nadie porque sólo soy porque siempre fui.
Una persona.
No me gustan los cotidianos de nada ni las rutinas del desánimo porque me ahogan la existencia, me marchitan y me matan.
Ni pretendo escribir bien y ni hacer de un blog la fama insatisfecha de la soledad más absoluta.
Me gusta mirar de frente, subir los bancos por respirar un poco más arriba, callar escuchando y hablar sonriendo.
La chica de los leotardos de piel y mirada profunda se fue de la mano de un tipo tan raro como ella y al alejarse se volvió sonriente como siempre para decirme y ahora sé feliz.
A veces aparece sin saludar.
Ella.
Esa que siempre fui.