Cuenta latidos.

Su amor era sencillo.
Sin triquiñuelas, ni chantajes emocionales. Quizá estaba ahí el mayor de los agravios.
Él la quería tanto que pensaba que era injusto quererla.
Ella le quería tanto que pensaba que ningún acto, hecho o palabra podría explicarle el por qué de aquella ambición.
Compartir con él.
Mientras los giros del mundo,con sus gritos. No daban tregua.
Sin él todo era triste. Cómo antes siempre lo fue.
Sin ella todo era triste. Cómo antes siempre lo fue.

Se habían encontrado y nunca más se podrían separar, lo tenían tatuado en lo profundo de sus adentros.

Después de tanto tiempo, incluso de aquél que ni la memoria era capaz de recordar. Se habían encontrado.

No podía hacer nada, sólo esperar a que la reacción de la acción del verbo se diluyera en el recuerdo de la sonrisa de su mirada.
No podía pensar, ni a penas respirar. Sólo esperar.
Y así lo hizo.



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